Bueno como todos los libros famosos, Exuperancio cómo no, tiene que tener su trilogía y lo que haga falta ^^. Así que aquí viene la tercera parte de estas aventuras carismáticas. Íbamos por la llegada de Exuperancio a Francia pues.
Pues el hombre llega a Francia y con la primera ciudad grande que se topa es con Toulouse, bonita ciudad por cierto. Pues venía caminando con su andar de cowboy (mirar parte anterior) y entonces como no, toda la gente lo miraba raro.
Entonces llega y ve a un chico, de unos 44 años con una barba al puro estilo Bin Laden y va y le pregunta que como se va a dar para París, entonces el hombre (también es suerte que encuentre a un tío que hable español pero la vida es así), le dijo que le acompañara porque él iba a ir en tren hacia París y así no se aburría, tenía un acento medio afgano. Pues él como gran listo que es, pues fue con el barbudo, que por cierto se llamaba Repulencio. Pues le dijo que tenía que ir a sacar el billete para el TGV (tren de gran velocidad para los que no sepan), entonces fue a la estación y le cobraron unos 50€, su sorpresa es porque era tan barato, porque la guagua de su pueblo por 20 km le cobraba 200€, pero nada él se olvidó pronto de ello y se puso a hablar con Repulencio. Resulta que había nacido en un pueblo de una aldea de los indios “Chigüiguiris” en Arabia Saudí (si unos indios acoplados en otros países, la inmigración viene desde épocas muy antiguas), y la costumbre de esa tribu era dejarse la barba.
Pues el tren tardaba lo suyo, unas 15 horas por lo que tenían un camarote para los dos en el tren, llegada la noche se fueron a acostar, pero Exuperancio no sabía las costumbres indias de Repulencio llegada la noche, cuando dormía empezó a oír ruidos en el camarote y cuando abrió los ojos vio una especie de porro de unos 25cm de largo por 7cm de ancho y una gran humacera saliendo de la punta y los ojos de Repulencio estaban más llorosos de lo normal, entonces el esnifo un poco de ese humo y el camarote empezó a dar vueltas y vueltas, mientras él se bajaba de la litera y le pedía una caladita, su deseo fue concedido y entonces miro por la ventana y vio como el tren se salía de sus vías y empezaba a coger vuelo en un cielo rosado con pajaritos y aviones que hablaban sobre lo bonito que era nadar por el agua del océano atlántico y oyó una musiquita que decía “que bonito es, qué bonito es el TGV volador, (instrumental), que bonito es que bonito es el TGV volador…” y así Exuperancio pasó una noche feliz y en los calificados mundos de “yupi”.
Pues el tren tardaba lo suyo, unas 15 horas por lo que tenían un camarote para los dos en el tren, llegada la noche se fueron a acostar, pero Exuperancio no sabía las costumbres indias de Repulencio llegada la noche, cuando dormía empezó a oír ruidos en el camarote y cuando abrió los ojos vio una especie de porro de unos 25cm de largo por 7cm de ancho y una gran humacera saliendo de la punta y los ojos de Repulencio estaban más llorosos de lo normal, entonces el esnifo un poco de ese humo y el camarote empezó a dar vueltas y vueltas, mientras él se bajaba de la litera y le pedía una caladita, su deseo fue concedido y entonces miro por la ventana y vio como el tren se salía de sus vías y empezaba a coger vuelo en un cielo rosado con pajaritos y aviones que hablaban sobre lo bonito que era nadar por el agua del océano atlántico y oyó una musiquita que decía “que bonito es, qué bonito es el TGV volador, (instrumental), que bonito es que bonito es el TGV volador…” y así Exuperancio pasó una noche feliz y en los calificados mundos de “yupi”.
A la mañana siguiente se despertó sentado en el WC con los pantalones bajados y con un olor perfumado como la mejor colonia parisina de “eau de cagada mañanera” y con dolor de cabeza como no, luego cuando Repulencio se levanto, Exuperancio le pregunto por los ingredientes de esa especie de porro entonces le explicó como se hacía: Primero se sacaba una hoja de periódico bastante grande, luego se cogía boñiga de mula y vaca y se le ponía encima, luego se le tiraban unas cuantas hojas de apuntes de historia, mas tarde se le tiraban 4 piñas de pino de tamaño estándar y finalmente se le ponían encima trocitos de césped artificial y se envolvía para proceder luego al encendido con un soplete. Acto seguido Exuperancio vomitó, a las 2 horas de hablar sobre por qué tanta “mierda” colocaba tanto y entonces Repulencio le explicó de forma creíble pero inentendible la composición química de todos los ingredientes y su reacción conjunta, entonces el tren llegó a París. En la estación se despidieron y entonces Repulencio se abalanzó sobre él y le dio un beso que lo dejo sin aire, a lo que Exuperancio se quedo perplejo, luego Repulencio le explicó que en su tribu se decía adiós así y punto.
Luego Exuperancio fue a ver uno de sus sueños, la Torre Eiffel, a la que quería subirse como la mayoría de la gente, pero un pequeño detalle se lo impidió, era festivo y estaba cerrada, por lo que Exuperancio le pegó una patada y se fue llorando en busca de su siguiente país, Bélgica, entonces cogió un tren a Lille para llegar a otra frontera de las que ya tenia miedo, en el tren no se volvió a colocar, pero se encontró a una azafata que lo hizo estar todo el viaje en el baño ocupado (la azafata confundió la sacarina con un laxante en polvo de una amiga suya, y lo que le paso a Exuperancio no es digno de contar en esta vida).